LOS JUEGOS IRÓNICOS DE JOSÉ ÁNGEL GARCÍA
M. CINTA MONTAGUT

José Ángel García, Llámalo viaje (1977-2008) Colección La piedra que habla. El Toro de Barro. Cuenca, 2009.

Treinta años de creación poética siempre es difícil resumirlos, compilarlos, en apenas noventa páginas pero esto es lo que ha hecho el poeta, madrileño de nacimiento y conquense de adopción, José Ángel García que nos ofrece esta antología de su obra. En ella nos regala los momentos, a su juicio, imprescindibles de su poesía en la que apreciamos no sólo su evolución a lo largo de los años sino también todo su caudal estilístico y toda su variedad temática con lo que su lectura nos acerca a un creador importante dentro del panorama poético en castellano. José Ángel García comienza su carrera literaria en los años setenta con la publicación de un libro de título sorprendente Cuatro cosas de mi gato y nada más (1977) en el que ya aparece la ironía que será uno de los recursos más logrados y más repetidos en su obra. Tras un largo periodo de silencio que abarca casi por completo los años ochenta, aunque en 1982 aparece su Cómico en faena en lona de palabras, publica el que podemos considerar uno de sus libros mayores, Borrador de tránsitos (1993), en el que  utiliza el poema en prosa como modo de expresión y la forma diario como sustento de una riqueza verbal y expresiva, de imágenes de una enorme plasticidad y de justeza conceptual. Dirá, por ejemplo, "no aceptar que sólo nos devuelven los recuerdos aquellos a quienes nunca se los dimos." Más tarde Ritmos de luz y sombras (1996) y en el año 2000 el título más conocido del autor en el que condensa toda su sabiduría léxica, los juegos sintácticos imposibles y su inseparable ironía, El día que todas las mujeres del mundo me desearon, libro amoroso nada al uso. En Sólo pájaros en vuelo (2003) acude al recurso de la fragmentación del poema en la página jugando con la palabra y con el lleno y el vacío. En Itinerarios (2008) encontramos el recorrido vital de poeta que conjuga a la perfección lo cotidiano con lo lítico. De todos estos libros citados encontramos una muestra en esta antología, además de una serie de poemas pertenecientes al libro inédito Entre dos Sauras 1996-98 en el que lo más destacado es el irracionalismo, el barroquismo. En la antología de este autor encontramos un poeta ajeno a las modas, con una personalidad propia y con un dominio admirable de la palabra, material imprescindible para construir una buena poesía.

EL VUELO DE ÍCARO LXXXVI
REVISTA SEMANAL DE CIENCIA Y CULTURA
LA OPINIÓN DE TENERIFE · Sábado 20 de Febrero de 2010




JOSÉ ÁNGEL GARCÍA: LLÁMALO VIAJE
CARLOS MORALES

José Ángel García, Llámalo viaje (1977-2008) Colección La piedra que habla. El Toro de Barro. Cuenca, 2009.

Más allá de su capacidad para transmitir y multiplicar la emoción humana, el lenguaje es también, y por sí mismo, una fuente independiente de emociones. Esta apuesta por la «autonomía» del lenguaje en la creación literaria, tan cara a los poetas españoles de la misma «generación de los setenta» a la que pertenece nuestro autor, constituye el epicentro originario de la obra poética del «enconquensado»José Ángel García (Madrid, 1948). Semejante actitud le ha permitido afrontar la creación literaria con un sentido lúdico y con una arriesgada vocación de ruptura más que evidentes, que cuelgan su trayectoria del espíritu de la vanguardia.
Sin embargo, nuestro protagonista ha logrado integrar en su particular manera de entender el poema como un construcción especialmente intelectual, similar a una pieza de orfebrería, sus irónicas visiones de lo cotidiano, manejando con ello materiales muy del gusto de los poetas de la generación de los ochenta. Cabalgando, pues, sobre dos opciones stéticas distintas, José Ángel García ha logrado hacer de su poesía una síntesis muy propia de las sensibilidades de dos generaciones diferentes que la historiografía generacional ha acabado convirtiendo en apuestas enfrentadas.
Con Llámalo viaje, y de la mano del poeta Francisco Mora, el Toro de Barro ha pretendido recapitular sobre una aventura –la suya– que el mismo Toro ayudó a iniciar cuando, allá por 1977, sacó adelante su primer libro de poemas con las controvertidas Cuatro cosas de mi gato y otras más, y cuando, corriendo el año 2002, arrimó su pergamino para anotar en él El día que todas las mujeres del mundo me desearon. Una aventura, en fin, que nos acaba de entregar, en este mismo 2009 que culmina, su Digo yo que dices tú(2009), después de dejarnos títulos tan singulares como Cómico en faena en lona de palabras, Borrador de Tránsitos, Ritmos de luz y sombras, Poemas para un jardín, Sólo pájaros en vuelo y, finalmente, Itinerarios. Su poesía ha merecido prestigiosos premios y ha sido antologada por Alfredo Villaverde –Cien poetas de Castilla La Mancha– y por Miguel Casado –Mar interior–. El poeta, así mismo, ha cultivado la narrativa y el periodismo de información y el cultural, ocupando actualmente la dirección de las páginas culturales de todas las cabeceras del Grupo periodístico El Día y un sillón en la Real Academia Conquense de las Artes y las Letras.
Ya sólo queda levantar la copa. Y dejarla en el aire.

AUTORES DEL TORO DE BARRO (BLOG)



EN TORNO A "LLÁMALO VIAJE"
ÁNGEL LUIS LUJÁN
El largo viaje de José Ángel García

Como la gran mayoría de los poetas de la generación de los setenta a la que pertenece,José Ángel García practica una poesía en que la lógica discursiva cede ante los contenidos irracionales y los enlaces sorpresivos; al igual que ellos tiene como tema fundamental el de la representación a través de la palabra y de la imagen plástica, y nos sitúa ante la poesía en primer lugar como lenguaje. Lo que ocurre con José Ángel García es que viniendo de esta tradición constituye un puente hacia las promociones siguientes, pues sus libros empiezan a publicarse hacia finales de los 70 y su poesía se afirma ya en los años 80, con Cómico en faena en lona de palabras(1982), libro al que sigue un silencio de 11 años hasta que en 1993 aparece Borrador de tránsitos. Su poesía, no obstante, presenta una evolución coherente y su voz nunca ha perdido sus señas de identidad originarias.
Desde el principio la poesía de José Ángel García se caracteriza por una gran libertad expresiva y una riqueza extraordinaria de recursos en la que el coloquialismo alterna con grandes dosis de lirismo, los tonos serios y casi metafísicos con la fina ironía, y en la que en ocasiones se da entrada al conceptualismo barroco. Una mirada sorprendida sobre el mundo como fuente de inagotables posibilidades vivenciales y expresivas está, en mi opinión, en la raíz de esta actitud artística. A ello hay que añadir la constante vinculación del autor con la creación plástica. No se trata sólo de que dos de sus libros estén constituidos por poemas que sirven de contrapunto textual a imágenes de Miguel Ángel Moset y de Julián Grau Santos, es que la propia disposición de la palabra en el espacio de la página, especialmente en Sólo pájaros en vuelo, da realces plásticos y visuales a la expresión. Su libro Borrador de tránsitos, además, ha sido bellamente ilustrados por Miguel Ángel Moset, lo que demuestra la continua interacción entre lo visual y lo conceptual en esta poesía que juega inquieta con diversos códigos. Los dos extremos entre los que se mueve la poesía de José Ángel García, el coloquialismo lúdico y el barroquismo conceptual, se pueden identificar respectivamente con los poemas de El día en que todas las mujeres del mundo desearony los poemas de la sección que da título al libro Borrador de tránsitos.
Toda su producción sería situable en algún punto intermedio de esta relación polar, lo que hace que estemos ante una creación dinámica y siempre en tensión, formada en su mayor parte por elementos contrastantes.
Se diría que para nuestro poeta el mundo es un abigarrado muestrario de procedimientos lingüísticos, de posibilidades de nombramiento, y de ahí que practique habitualmente como forma la variación sobre un tema, lo que emparenta su poesía con el arte musical. Muestra evidente de ello es la serie de poemas «Variaciones» y la obra entera El día en que todas las mujeres del mundo desearon, un juego de repetición de una misma estructura en tres tiempos.
La apertura total al lenguaje que reside en el centro del sentir poético de José Ángel García está reclamando del poeta y del lector una continua atención para transmutarse y multiplicarse, hacerse forma, color, ritmo y melodía. No es raro, por ello, que en su poesía pase rápidamente de una imagen a otra, sin agotarla, creando un mosaico o mejor dicho un caleidoscopio de sugerencias. No estamos ante un irracionalismo arbitrario y absurdo, sino ante la lógica de lo que permanece lo mismo en su constante variación. Esta continua tensión entre lo que varía y lo que se queda tiene un fondo metafísico que se hace explícito en Sólo pájaros en vuelo, donde el verso se adelgaza a veces en una tendencia hacia la estética del silencio y de lo esencial poético. Este libro constituye quizá la principal excepción en esa estética de la mezcla de registros que vemos en el resto de su poesía, y constituye un sostenido ejercicio lírico en que todos los poemas parecen construirse en torno a una oposición de nociones trascendentes. Es el poemario más enigmático y de actitud más interrogativa. En cuanto a la disposición gráfica, el espacio que no se llena de escritura es el espacio de la zozobra, de la indagación, de ahí que tenga que ser complementado con la ilustración. Se pasa de un referente verbal a uno pictórico por una lógica intrínseca del libro: la de la búsqueda del sentido.
Esta inquietud metafísica y esta solicitud por el lenguaje que puede llegar al límite de su anulación en favor de la imagen se refleja en la alternancia de las diversas formas que usa el poeta. Encontramos en José Ángel García formas tradicionales manejadas con maestría, especialmente el endecasílabo libre (algunos tan rotundos como los de Ritmos de luz y sombras), pero junto a ellos aparecen el poema en prosa o el versículo libre. En ningún caso encontramos formas arquitectónicas como el soneto o uso de la rima. Esto es indicativo del tipo de poesía que practica, que pretende dejar el significado abierto, jugar con las formas pero sin agotarlas ni cerrarlas. Valga de ejemplo el poema «Variaciones» que, repito, me parece fundamental para entender su estética. Estamos en él ante un verso libérrimo, ni siquiera versículo, se diría más bien una prosa cortada arbitrariamente. El primer fragmento, que reproduzco a continuación, marca la plantilla formal que va a repetir cada una de las variaciones con sustituciones principalmente léxicas:

Hace una en realidad tan deliciosamente triste mañana
de lluvia (una de esas mañanas tan autodeshechas en
agua lenta que es difícil no dejarse llevar de su
ternura) que resulta casi obligado admitir como natural
el haber llegado a amar sin causa justificada.

En este experimento lingüístico, cargado de cierto barroquismo al quebrar las leyes de la sintaxis y la morfología, la meditación pasa a otro grado a través del juego con la palabra y la desautomatización de la prosa, que no la hace tampoco verso. Estamos ante una poesía que de alguna manera nos obliga a leer contra la realidad, a leer desde los patrones de la poesía las posibilidades de un mundo siempre abierto, siempre lúdico. Ello explica, claro, la introducción casi constante de elementos irónicos que desestabilizan el significado, como términos de economía en entornos manifiestamente líricos, o la mezcla de palabras provenientes de diversos ámbitos discursivos. El sujeto que escribe parece así cruzado por discursos que no se toma en serio, que adopta en determinado momento, pero sin adherirse a ellos, con el desapego de un director de escena que pone a trabajar a sus actores sin saber exactamente a veces por dónde van a salir. La sensación de frescura y de libertad que otorga esta estrategia al poema es una de las principales bazas con que cuenta el poeta para el éxito de su discurso y uno de los principales atractivos de su obra.
Tal errancia vital y del sentido (si es que no son lo mismo) caracteriza al último poemario publicado por el autor, Itinerarios, donde la palabra da acceso a todo un mundo de vivencias y de lugares míticos, quizá trasposiciones de espacios reales, quizá pura leyenda, y vuelve a mostrar que la poesía se sitúa en esa frontera donde la existencia se reconfigura a través de la palabra, donde el terreno común no permite desligar la vivencia de la palabra con la que se nombra.
La tendencia narrativa de una buena parte de la obra de José Ángel García, que en este último libro aparece de manera definitiva, tiene que ver también con esa idea de fundar un sentido en una memoria de lo vivido a través de momentos potencialmente poéticos. Detrás de la poesía del autor parece siempre haber una historia acechando, un embrión de aventura, pues no olvidemos que José Ángel García también es narrador.



JOSÉ ÁNGEL GARCÍA, EN BUSCA DE LA FULGURANTE LUZ DEL DÍA
FLORENCIO MARTÍNEZ RUIZ
Borrador de tránsitos. Publicaciones de la Excma. Diputación de Cuenca. 1993

“Estamos ante un poeta arraigado, poroso y nutricio al que el humus y el polen de las cosas, como un feto latiendo promesas, contribuye a dar a su poesía una estremecedora sensualidad verbal y una vibración confesional inmediata (…)
Toda la primera parte parece que nos encontramos un parque de atracciones de los sentidos, donde quieras que no alcanzamos lo inalcanzable: la inefabilidad de la poesía. En la “semana lírica” del poeta todo queda acotado en límites de aurora.
Tras esa primera parte, “Como un vuelo” – compuesta de siete poemas – el poeta vuelve a hacer y deshacer el verso, dotándolo de una eficacia sugerente decisiva, en “Variaciones”, logrando para su poesía un “rotundo mediodía” de sus anhelos. El amor lo ha ganado todo. En la tercera y última parte, “Borrador de tránsitos”, capaz de justificar su operación poética, al quemar retóricas al uso y prescindir de referencias parasitarias, la desposesión literaria, el desasimiento del yo y desposesión temporal alcanzan, gracias a un ritmo elusiones y al aligeramiento de la sintaxis, toda la tenuidad de una lírica consistente. Y aparece en sus poemas esa luz primicial que andaba, sin duda, buscando, y que remite al poeta a una dimensión muy alta. Con atmósferas naturales y con atmósferas celestes – lo que va de Claudio Rodríguez a San Juan de la Cruz, por ejemplo – construye una gran coartada lírica: la de encontrar lo efímero en lo eterno.
El García esencial y más intenso hay que buscarlo en las tres partes de “Borrador”, sin solución de continuidad, pues la naturaleza rubrica sus tránsitos tanto interiores como exteriores. Porque josé Ángel García aparece – y con qué fuerza – testigo de esos tránsitos, de esos cambiantes estados de ánimo, de esa complicidad del hombre capaz de acosar a la quimera, pero también de rastrear el fugaz fulgor de lo concreto”.

EL DÍA DE CUENCA. CULTURA. DOMINGO, 13-II- 1994



EL REGRESO Y OTRAS HISTORIAS DE LA CIUDAD ENCANTADA
SABAS MARTÍN

(…) En El regreso, publicado por Tomebamba Ediciones, más allá de la geografía que sirve de hilo conductor de los relatos, José Ángel García configura un paisaje emocional en el que se dan cita las huellas de la memoria, la evocación de la fascinación cinematográfica de la infancia, la afirmación de la vida frente al dolor, el amor y el deseo ocultos y vivos en los recuerdos, o la incertidumbre adolescente ante lo que guarda el futuro. Son historias contadas con una esencial sencillez que surgen del latido cotidiano de la existencia. José Ángel garcía ha evitado los acontecimientos extraordinarios para ofrecernos la imagen de unos seres en cuyos miedos y esperanzas podemos reconocer nuestras propias turbaciones. Utilizando diferentes recursos técnicos, desde los juegos con el tiempo al monólogo o la escritura de cartas, El regreso es, además, el sugerente retrato de esa realidad de tiempo, agua y viento que hacen de la Ciudad Encantada de Cuenca un protagonista inasible y enigmático que impregna sensitivamente los matices de la escritura.

LOS LIBROS EN RADIO 5. RADIO CINCO TODO NOTICIAS. RNE.



JOSÉ ÁNGEL GARCÍA ESCRIBIÓ EL POEMA QUE TODOS ESPERÁBAMOS
FLORENCIO MARTÍNEZ RUIZ
El día que todas las mujeres del mundo me desearon. José Ángel García. “Cuadernos del Mediterráneo”. El Toro de Barro. Cuenca, 2000

(…) Carlos Morales en la ajustado nota bibliográfica, habla de una “loca pirueta al par temática y verbal en que vida y poesía se amalgaman en fecunda alianza”, en opinión que refrendamos, salvo en un sintagma: “pirueta”. Pues García ha enocontrado un personalísimo – y originalísimo – ritmo envolvente que no solo marca la cadencia feliz y la andadura poética, sino también la disolución de un lenguaje formalista, y por lo mismo de su retórica. (…) La fascinación de José Ángel García se alcanza gracias a la cadencia rítmica y al movimiento circular, menos visible el aparato retórico y sí más integrados entre sí, pues a partir del encuentro amoroso, se logra el encuentro con la palabra, y el encuentro del poeta consigo mismo. García refracta – y nunca mejor dicho – el núcleo objetivo del poema: el fugaz encuentro de aquél café del Quartier Latin, en París; el de aquel café junto al Támesis en pleno corazón de Londres, y el del café del Chiado en una Lisboa “condenadamente nuestra” como expresa el poeta. Estaciones del amor, de la palabra, de la identidad poética que funcionan mucho mejor si pensamos que tramitan un homenaje a Passos. Pues José Ángel García necesita esos lugares como coartada feliz para la confesión amorosa, el despertar del silencio y la flor del sueño consumando su vuelo poético volando en cada verso. El día que todas las mujeres del mundo me desearon cuenta para mí como uno de los más hermosos poemas de la literatura conquense. El acierto de José Ángel se sustenta en una libertad que, aun reconociendo incluso atisbos de la gran tradición de la poesía española vuela con vuelo propio. Hay en el poema un indudable éxtasis quietista, una enajenación disimulada en el ludismo irónico que aparece como un “ritornello” cada vez más cerca del vértigo expresivo, en donde José Ángel termina por alcanzar el éxito. Escrito El día que todas las mujeres… en una atmósfera antirrealista, a pesar de su inmediatez cronística, tod el poema deviene en una sinfonía orquestada, que ayuda a la fluidez poemática y a una cierta situación épica.

El Día de Cuenca. Cultura. Miércoles 17 de enero de 2001. p. 26



UNO DE LOS MÁS BELLOS POEMARIOS DE LA LÍRICA CONTEMPORÁNEA
F.A.
El día que todas las mujeres del mundo me desearon. José Ángel García. Cuenca, 2000. Editorial El Toro de Barro; colección “Cuadernos del Mediterráneo”, 6; 16 páginas (numeradas de la 81 a la 96)

(…) José Ángel García ha vuelto a la poesía al iniciarse el milenio tercero, con un espléndido poemario, El día que todas las mujeres del mundo me desearon, que a la belleza de su presentación (un pliego sin desbarbar) una la fuerza y el atractivo de un profundo sentimiento lírico que el crítico Florencio Martínez Ruiz acertó a definir con tanta certeza que sus palabras son paradigmáticas sobre la obra que comentamos: “Hay un aire conversacional y desenfadado que dentro de su informalidad aparente añaden al poema un atractivo sobreañadido. Hemos entrado en un territorio creativamente expectante y, aun cuando el poeta no pueda decirse que se abandone a puros juegos o a falsos azares, el esteticismo nunca interfiere los contenidos de conciencia, el existencialismo a flote de otros momentos de su obra. De ahí que cuando decimos que escapa a retóricas y formulismos no decimos toda la verdad, porque, muy sabiamente, José Ángel García ha aprendido a utilizar – y no importa que un tanto inconscientemente – las posibilidades latentes en el idioma, con sus envolventes desencadenamientos y sus apoyos métricos”

(…) El poemario de José Ángel García es un ejercicio de depuración literaria, de asombrosa concreción de elementos narrativos a través del verso libre, cargado de sensaciones que pasan con sorprendente facilidad al ánimo del léctor, felizmente envuelto por unos versos cuya brevedad termina por acongojar el ánimo, insatisfecho por ese pronto concluir de la experiencia. Los tres poemas que integran el conjunto responden con eficacia al carácter conceptual de un autor que aporta a la poesía moderna un severo trabajo conceptual y un eficaz empleo de los recursos literarios.
Volvemos a servirnos de la sabiduría crítica de Florencio Martínez Ruiz (su comentario a este libro. En “El Día de Cuenca” del 17 de enero, fue verdaderamente ejemplar) para dejar constancia de que El día que todas las mujeres del mundo me desearon es, con toda certeza, “uno de los más hermosos poemas de la literatura conquense”, en esa envoltura irreal, mágica, que acaricia la permanencia interna de una crónica inmediata y muy vinculada a las cosas que discurren por la vía pública callejera del ancho mundo, cosmopolitismo muy de agradecer en tiempos proclives a recuperaciones antropológicas de andar por casa.

“LA ÍNSULA BARATARIA”, REVISTA DE LETRAS, ARTES Y ESPECTÁCULOS DE CASTILLA LA MANCHA. OLCADES, TEMAS DE CUENCA SEGUNDA ÉPOCA NÚMERO 2. CUENCA, 2000, PP. 63-64



VIAJE INTERIOR
JUAN CARLOS BRUNNI
“Itinerarios” José Ángel García. editorial Alfonsípolis, cuenca. 2008

“Te estoy, amor, hablando no sé ya si de mí o / de algún otro que se quedó por el camino; / te estoy hablando (no creo que llegues a entenderme) / del fugaz recuerdo de lo nunca sido.” Comenzar este comentario con los versos finales de “Ignoro en qué ciudad”, uno de los poemas que el lector encontrará en este último libro de José Ángel García, no es, desde luego, la forma más ortodoxa de enfrentarse a una reseña al uso, pero como uno, antes que nada es lector y el impulso de meterse a crítico amateur le nace del puro afán de compartir con otros lectores sus lecturas, esas lecturas que le han provocado alguna emoción estética, bien podrá perdonársele la licencia, porque mi intención no es otra que mostrar al potencial degustador de este poemario, siquiera sea a pequeños sorbos, algo de lo mucho y bueno que va a encontrarse entre las páginas de Itinerarios. Así que, sin rebozo ninguno, me van a permitir que les ponga ahora aquí el verso final de otro poema, que yo he querido ver (perdónenme otra vez la licencia) como dos espléndidos eneasílabos encadenados: “Fuimos dioses. Nos ha costado tanto llegar a ser humanos…” Y ya, para rematar una faena que sin duda va a convencerles de que Itinerarios es un libro de poemas al que conviene prestar atención, escuchen (y digo adrede que escuchen, más que lean) este delicioso poema breve: “Gasa de seda, la niebla, / cañamazo de la aurora, / se ha prendido poco a poco, / chopo a chopo, / al rumor del río, / festón sonoro a lo largo de la ribera. / El agua / se sueña otra.”
Como ya nos tiene acostumbrados, José Ángel García demuestra con éste su hasta ahora último poemario que, independientemente de cualquier otra consideración, es un poeta inquieto, vivaz, rebelde, que no se conforma nunca, lo que le lleva a explorar continuamente en el ancho y mágico territorio de las palabras (en su maravillosa diversidad) y hace de su quehacer poético un terreno habitable pero en permanente evolución. Así, con este Itinerarios da una vuelta de tuerca más a su ya extensa obra poética y nos propone una forma de enfrentarse al verso que muy poco tiene que ver con anteriores, y muy notables, libros suyos, como Cómico en faena en lona de palabras, Borrador de tránsitos, Sólo pájaros en vuelo o ese exitoso y muy logrado cuaderno que es El día que todas las mujeres del mundo me desearon. El José Ángel de Itinerarios se torna un poeta íntimo, autobiográfico y lo hace enmascarando el yo poético tras la aparentemente poco íntima crónica de viajes o, por mejor decir, de lugares por los que el poeta ha transitado en su largo itinerario, ya sean éstos lugares físicos y realmente vividos o aquellos otros soñados. Aunque claro, este inteligente “envoltorio” de los poemas lo que nos muestra es a un poeta celoso de su intimidad, pudoroso incluso, pero a poco que raspemos en las palabras descubriremos de inmediato que tras Madrid, París, Oporto, Lugo, Budapest, Estambul, El Cairo, Londres, Praga, Ámsterdam, Jaipur, Roma, etcétera, etcétera, o que tras una playa cualquiera o la ribera de un río innominado, lo que José Ángel García nos está proponiendo es un viaje interior, es decir, el del hombre desnudo y sin adjetivos que en esos lugares, antes que frente a un espectacular monumento, se emociona con un quiebro inesperado de la luz que refleja fugazmente el agua de un estanque, o con un simple gesto mil veces repetido de la persona amada pero que, de repente, una noche se hace nuevo en una humilde tienda de campaña. Porque, además, debo apuntar que ese viaje interior es también un viaje a través del amor o, si se prefiere, de las no siempre fáciles relaciones de pareja, de modo que esos itinerarios del poeta lo son también de la amada.
No voy a caer en el lugar común de decir que Itinerarios es el mejor poemario de José Ángel García, pero sí que, gustándome mucho algunos suyos anteriores, éste es el que más me gusta de todos. Quizá se deba, más que a estrictas razones estéticas a otras de índole más personal, pero el caso es que es un buen libro de poemas de línea clara, casi diáfana por momentos que, moviéndose en el filo de la navaja, lejos de caer en lo prosaico (como ocurre con frecuencia en poemarios escritos así), consigue por lo común un ritmo endiabladamente melodioso. Prueben a leer en voz alta el primero o el último de los poemas del libro (estupendos), respetando escrupulosamente versos y cadencias, y verán qué bien suenan. Un gusto, en fin, encontrar libros como Itinerarios con mucha poesía dentro, cuando tantos hoy, debidos incluso a poetas de relumbrón y muy premiados, no contienen ni un solo gramo entre sus páginas.
Mención aparte merece la edición del libro, limitada y numerada, o sea, de coleccionista. Cuidada de principio a fin, recuerda a aquellos deliciosos libros antiguos de editor esmerado. Por tanto, enhorabuena a la editorial Alfonsípolis por esta colección “Sueltos” tan prometedora que inicia su andadura con el libro de José Ángel García. No se lo pierdan. Me lo agradecerán.

DIÁLOGO DE LA LENGUA. REVISTA DE ESTUDIO Y CREACIÓN LITERARIA. NÚMERO 10. PRIMAVERA 2009. EDICIONES OLCADES. CUENCA, 2009, PP. 124-126



LLÁMALO VIAJE (1977-2008)
“Llámalo viaje ” José Ángel García. Tarancón, 2009. El Toro de Barro, 94 páginas

“Casi siempre, un nuevo libro de José Ángel García es un regalo para la vista, el tacto y los sentimientos. En esta ocasión, se trata de un regalo recuperado porque el contenido viene a ser como un reciclaje de emociones ya vividas anteriormente, una suerte de antología -peculiar, como casi todo lo que tiene que ver con nuestro autor- a partir de versos ya incluidos en otros libros anteriores. Podríamos preguntarnos cuales podrían ser los motivos íntimos o razones literarias por la que un poeta no solo en plenitud de madurez creativa sino en una edad razonablemente adulta considera necesario hacer una antología de su obra. Él mismo no lo explica, por lo que habrá que bucear en los comentarios compañeros del texto poético, básicamente en la introducción de Francisco Mora aunque tampoco hay que desdeñar la nota editorial complementaria según la cual el propio El Toro de Barro ha pretendido recapitular sobre una aventura que el mismo Toro ayudó a iniciar cuando en 1977 sacó adelante el primer libro de poemas del autor.
Hay mucho de aventura, en efecto, en la obra poética de José Ángel García, por la audacia con que se inmiscuye en aspectos generalmente situados en la linde del universo poético, aunque nunca totalmente fuera de él y por la capacidad, muy cerca de la disección científica, para buscar y encontrar en las palabras las múltiples variantes capaces de transmitir sensaciones ante las que el común de los mortales actúa de manera contraria, esto es, quedándose sin ellas. En esa vinculación tan profunda existente entre contenido y continente reside uno de los mayores atractivos de la poesía de José Ángel García, mediante un sistema de símbolos verbales con entidad suficiente para producir en el lector el suave deslizamiento hacia placeres verdaderamente sensoriales, con el aderezo de una no disimulada afición hacia lo lúdico, elementos todos que confluyen para definir este interesante y personal universo literario.
Decimos que Llámalo viaje (1977-2008) es un libro antológico, recopilación de poemas (unos en verso, otros en prosa) extraídos de libros anteriores pero unificados aquí de manera que, si se prescindiese de esa observación previa, bien podría ser considerado como un texto con entidad en sí misma, que la tiene. Hay aquí fragmentos de su primer (originalísimo) libro, un auténtico punto de inflexión en la poética conquense de los años 70, Cuatro cosas de mi gato y otras más, pasando luego por el que ayudó a consolidar el nombre de José Ángel García como una firme realidad entre los jóvenes poetas del momento, Cómico en faena en lona de palabras (con el que ganó el premio Fray Luis de León), Borrador de tránsitos (quizá su libro más personal y, a la vez, más ambicioso conceptualmente hablando), Ritmos de luz y sombras, Entre dos Sauras, el divertido y creativo El día que todas las mujeres del mundo me desearon, hasta llegar a sus últimas aportaciones editoriales, Poemas para un jardín, Sólo pájaros en vuelo, e Itinerarios.
Quizá -y volvemos al principio de este comentario- el recopilatorio es un poco precipitado, teniendo en cuenta la edad del autor y su incansable dedicación a la escritura, pero obviando ese concepto -antología- nos encontramos ante un libro de subyugante lectura, demostrativo de que por los textos no ha pasado el tiempo, tal es la lozanía actual con que esas palabras amorosamente encadenadas pueden llegar hoy hasta nosotros, con la misma vigencia que cuando fueron escritas. Y eso da sentido a este viaje literario en el que José Ángel García nos sumerge para disfrute de los lectores.

RESEÑA PUBLICADA EN OLCADES EL PORTAL DE LAS LETRAS EN CUENCA – DIÁLOGO DE LA LENGUA –



PLENA LIBERTAD CREATIVA
ÁNGEL LUIS LUJÁN
"Plan de vuelo" José Ángel García. Ex-Libris ediciones, S.L. y Diputación de Cuenca. Madrid, 2009

Siempre ha estado fuera de cualquier categoría, como todo buen poeta. De eso no hay duda. Pero con este libro, José Ángel García entra, o se sale, por el terreno de lo perdidamente indefinible. Poesía hay aquí, claro, y el libro aparece en una colección de este género, pero no sabríamos decir si hay verso. Cuando el material lingüístico se adelgaza tanto y se dispone en la página casi como un dibujo o un diseño hemos traspasado los criterios que nos permiten distinguir verso de prosa, pintura de escritura. Otra vez al margen de las categorías. Y más allá, al margen de los géneros; y debo repetirme: poesía hay en este libro, pero simultáneamente encontramos aforismos, greguerías, humorismos, ecos verbales, trabalenguas, letrismos, palabra-poema, poema-espejo, y... El libro tiene esa virtud que los teólogos sesudos asignan a la divinidad pero aquí aplicado al no menos teológico, aunque mucho más divertido, sistema de los géneros: la ubicuidad. ¿Dónde se sitúa José Ángel García como creador con esta propuesta? En todos lados y en ninguno. Quizá tenemos aquí una buena respuesta a lo que significa la poesía absoluta (o la poesía de la nada, que viene a ser el reverso de la medalla): la palabra en estado absoluto de libertad allí donde se encuentre. Porque lo que muestra este libro, entre otras muchas cosas, es el estado de libertad creativa completa a que ha llegado el poeta después de una rica trayectoria empeñado en desencadenar el discurso, como si de un Prometeo literario se tratara. Entiéndase: Prometeo el autor y Prometeo el lenguaje. Y por seguir por la senda de los mitos: si en el principio era el verbo, en el final es el verbo también, pero en su estado más puro después de haber conocido diversos avatares genéricos, haber pasado por múltiples registros y técnicas, y haberse convencido de que lo que le conviene es la desnudez primera. Con todo, este viaje de ida y vuelta no lo hace tautológico, no lo hace repetirse de manera inútil. En el descenso vertiginoso a la pureza originaria el lenguaje, como esos átomos que entran en fusión al liberar sus partículas ínfimas, descarga una energía comunicativa inversamente proporcional a su tamaño y directamente proporcional a la pendiente por la que desciende.
Por eso, se trata de un libro para ser releído, ya que ninguna lectura va a agotar el caudal inmenso de las potencialidades significativas de cada partícula de sentido. Partículas que chocan entre sí produciendo nuevas fuentes de energía, pues al lado de la metafísica de la identidad: “dice el espejo que / yo / soy / la imagen” (42), o el epigrama de tradición erótica: “bandera de libertad / tus labios” (91) encontramos el quiebro burlón de la copla popular: “por mejor quererte / que / te quiero / fingiré” (28), o la inversión irónica de discursos familiares: “prohibido / asomarse / al / interior”, entre otras muchas correspondencias y “disonancias” que forman un tejido finísimo pero tenso y poderoso que como un tapiz está hecho para ser visto una y otra vez (no se conforme el lector presente con las citas que he reproducido: tiene que verlas dispuestas en la página). Un tapiz mágico, quizá una alfombra voladora, pues nos muestra el derecho y el revés en una sola dimensión: “también el envés es / el cuadro” (111).
Como ven, es un libro del que solo se puede hablar por aproximaciones metafóricas y por enigmas, como decía Pablo de Tarso. Así que discúlpeseme el batiburrillo científico-mítico-teológico que reviste esta reseña, discúlpeseme (es más) la reseña misma y léase el libro que, ya digo, contiene su propia explicación... y su propia des-explicación. ¿De vuelo? Por supuesto. ¿Plan? Que el dios de la poesía baje del libro y se vea.

DIÁLOGO DE LA LENGUA. REVISTA DE ESTUDIO Y CREACIÓN LITERARIA. EDICIONES OLCADES. NÚMERO 11. PRIMAVERA 2010. CUENCA, 2010, PP. 163-165