best css templates

Poesía

SOTTO LA PIOGGIA .

Fragmento de Nadie sabe qué Roma te encontrará
Ediciones Vitruvio. Colección Baños del Carmen. 2017

Dulce, casi amorosa,

delicada acuarelista de lo ambiguo,

cae,

mansa,

la lluvia

empapando la tarde toda,

esbozando apenas

ese verso silente donde minian los sueños

su

destino.

                                                          Disculpa que mi soledad

                                                          no llegara jamás

                                                           a entender

                                                                                         la tuya.

VENECIANA I .

Fragmento de Nadie sabe qué Roma te encontrará
Ediciones Vitruvio. Colección Baños del Carmen. 2017

Ni antigua ni moderna, perpetua,

sempiterna,

abalconada al agua, a su hoy y a su pasado,

Venecia se adora a sí misma

lenta, pausada, ceremoniosamente,

preciada más que de su propia belleza,

– masoquista narcisa hasta el extremo –

de su orgullosa y soberbia decadencia,

anciana descocada y casquivana,

experta,

sabia,

avezada,

impenitente

                                                          cortesana.

DESVARÍO.

Fragmento de Papel de aguas.
Almud Ediciones de Castilla La Mancha.
Colección Añil Literaria. 2014

y

mañana

– bendita santa inconsciencia –

intentaremos de nuevo

apasionada

intensamente

que

nuestros actos

atrapen

– vano esfuerzo –

el

escurridizo

pez

del

tiempo

SILENCIO.

Fragmento de Papel de aguas.
Almud Ediciones de Castilla La Mancha.
Colección Añil Literaria. 2014

en

la tarde

más allá de la mirada

más acá

de

la

palabra

se percibe

la tenue

transparencia

del

silencio

ACECHO.

Fragmento de Papel de aguas.
Almud Ediciones de Castilla La Mancha.
Colección Añil Literaria. 2014

cuando el sol convierta su presencia

en

ascua fugaz                                  reflejo etéreo seremos

(en su contemplación)

los

absolutos dueños

de

un

instante eterno

AQUEL PARÍS .

Fragmento de Nadie sabe qué Roma te encontrará
Ediciones Vitruvio. Colección Baños del Carmen. 2017


Dónde estará, por dónde andará olvidado

aquel sombrero

que entre guiños y risas compráramos ese día

– Marché aux Puces, Porte de Clignancourt

¿era París, París o éramos tan sólo

                          nosotros soñándonos en él? –

que luego tan poco

                          como tantas otras cosas, ¡ay!

tan

poco

has

                                                           querido usar.


EL DÍA QUE TODAS LAS MUJERES DEL MUNDO ME DESEARON.

Fragmento
El Toro de Barro. Cuadernos del Mediterráneo. Cuenca, 2000

El día que todas las mujeres del mundo me desearon

estaba de vacaciones; no pudieron encontrarme.

El día que todas las mujeres del mundo ansiaron mi presencia

y a casa por teléfono, por fax o por la red

llamaron en busca de una cita

tan sólo por respuesta hallaron el eco de su anhelo.

El día que todas las mujeres del mundo (todas menos una)

con pasión total reclamaron a coro mi presencia,

ese día – ese día justo – andaba yo ausente de

mi habitual domiciliada angustia y

no les pude siquiera decir no, lo siento, de verdad, no puedo ...

no, gracias, lástima, otra vez será ...


El día que todas las mujeres, en común pulsión,

me codiciaron

paladeábamos - ¿te acuerdas? – a sorbos breves nuestro

fugaz encuentro

(fine old scotch whisky)

en la pequeña, minúscula terraza de aquel café

- tu, yo y nadie –

en el Quartier Latin de un París condenadamente nuestro.


Fue justo entonces, en ese preciso momento,

cuando los pequeños locos de media mañana,

los tímidos gnomos callejeros,

salieron, sigilosos, de sus más ocultos escondrijos,

brincaron de la acera a la calzada y,

rompiendo sus horarios,

asaltaron sentimientos, desconectaron lutos, apalabraron besos

y superando el rítmico resuello de todas las rutinas

sembraron de esperanzas las adustas esquinas de las calles

destapando pomos de menta y regocijo detrás de cada verja,

a flor de cada seto.

Serios y grotescos, cual solemnes guardias cojos,

narraban los mirlos sus historias

cualquier encrucijada aprovechando.


Todo ocurrió – ocurría – un segundo antes, un instante después

del comienzo.

Todo tenía, al tiempo, lugar y no lugar y, casi sin saberlo,

se nos iba olvidando que estaba sucediendo.


(Fue – era - eso sí, cuando aún nadie

nos había descubierto)

Columnas

DIOS.

Publicado en El Día de Cuenca, el 26 de agosto de 2003

La jornada había transcurrido como tantas y tantas – ni mejor ni peor – de los últimos tiempos, pero cuando llegó a casa, cerró tras de sí la puerta, penetró en el ominoso silencio del salón y, tras quitarse la chaqueta, se dejó caer en el sofá frente al televisor, la pequeña opresión en el pecho y el sabor levemente amargo de la saliva al fondo de la garganta que imperceptible pero continuadamente le habían venido acompañando a largo de toda la tarde acentuaron su presencia y los que en principio había tomado tan sólo por síntomas de su por esos días tan habitual sensación indefinida de cansancio se tornaron de pronto desatada marea de angustia. Y descubrió cómo, sin causa concreta alguna que parezca justificarlo, hay días que la tristeza te va creciendo a bajo piel, a dentro alma, como una hierba maligna que poco a poco te va emponzoñando la sangre hasta trastocar en dolor, desesperación y aroma a muerte su misma esencia de vida.


De repente – no la había sentido aproximarse – notó a su lado la presencia silenciosa de su perra que cuidadosa, diríase que delicadamente, fue acortando la mínima distancia que aún les separaba. No le olisqueó cual otras veces; se limitó a permanecer quieta, pegada a él, el calor de su cuerpo claramente perceptible a través de la tela el pantalón. Después, como en una escena a cámara lenta, acercó la cabeza hasta apoyarla en sus rodillas. El hombre bajó la mirada para encontrar otra anhelante alzada a su encuentro. Instintivamente alargó la mano para la caricia pero no llegó a concluir la acción; el desánimo la hizo caer, sin llegar a alcanzar su objetivo, sobre la colchoneta. Fue entonces cuando el animal, siempre despacio, alzó su pata izquierda hasta colocar la almohadillada aunque áspera pezuña sobre los abandonados dedos de su amo.


Ni uno ni otra se movieron en un buen rato. Nada parecía hacerlo tampoco. Gradualmente fue sintiendo disminuir la presión en el pecho, desaparecer el gusto acerbo de la saliva en la boca. Un observador atento quizá hubiera percibido la mínima lágrima que le resbaló mejilla abajo. Fue cuando comprendió que hay ocasiones en las que Dios marcha a cuatro patas, menea la cola y tiene húmedo el hocico.


AÑO NUEVO.

Publicado en Las Noticias de Cuenca, semana del 3 al 9 de enero de 2014 

Adiós, 2013. Hola, 2014… Frío, húmedo y desapacible, hacía ya un buen rato que el nuevo año estrenara su primera mañana y la, aún cuando grisácea, creciente claridad que le llegaba a través del cristal del cubículo le animó a, en tanto iba asentándose la jornada, reanudar la interrumpida lectura del periódico del día anterior, lo que de paso le llevó a recordar, mientras lo rescataba del desfondado bolsillo del chaquetón, cómo tanto ese diario como el resto de sus colegas faltarían en la fecha, como en Navidad, a su habitual cita con los quioscos siguiendo la mantenida tradición del gremio. Deshizo el cuádruple plegado que le había permitido ponerlo a buen recaudo y hete aquí que, al desplegarlo, lo primero que le saltó a la vista, qué cosas, ¿no?, fue una explícita referencia a la recién estrenada anualidad mediante un encabezamiento de página (era, se fijó, la primera de las que el rotativo dedicaba a la economía) cuya llamativa negrita, -“2004: salarios a la baja, precios al alza”- complementaba de seguido un más preciso subtítulo: “El cerco sobre el poder adquisitivo de los ciudadanos se estrecha, en un contexto de moderación de los sueldos y subida de impuestos al margen del IPC”, preámbulo de un texto que, según fue comprobando, iba desgranando toda una serie de poco halagüeñas expectativas para el común de sus compatriotas. Su progresivo repaso sin embargo, en vez marcar en su rostro signo alguno de pesar o siquiera preocupación, fue haciendo aparecer en sus labios una sonrisa, aún cuando singularmente extraña, cuya oculta razón seguro que nadie – si es que alguien la hubiera visto – habría podido llegar a descubrir. Porque seguro que a nadie se le hubiera ocurrido sospechar siquiera que esa sonrisa fuese el fruto del encadenado razonamiento que, paso a paso, le había ido llevado a congratularse de no tener que preocuparse ya ni de bajadas salariales, ni de alzas de precios de la luz o del transporte, ni de pago alguno de impuestos, ni siquiera de cobros de prestación ninguna por paro. No, desde luego que no. Nadie, si es que alguien hubiera pasado en ese instante ante el acristalado recinto del cajero automático donde el hombre había pasado refugiado la noche, habría sospechado las razones ni de esa sonrisa ni de la casi carcajada muda en la que llegó a convertirse al tiempo que alzaba ante él, en inequívoco gesto de brindis, el cartón de vinazo que hasta hacía un momento reposaba a su costado para, a continuación, apurar su contenido de un último trago.


Reseñas

LOS JUEGOS IRÓNICOS DE JOSÉ ÁNGEL GARCÍA
M. CINTA MONTAGUT

José Ángel García, Llámalo viaje (1977-2008) Colección La piedra que habla. El Toro de Barro. Cuenca, 2009.

Treinta años de creación poética siempre es difícil resumirlos, compilarlos, en apenas noventa páginas pero esto es lo que ha hecho el poeta, madrileño de nacimiento y conquense de adopción, José Ángel García que nos ofrece esta antología de su obra. En ella nos regala los momentos, a su juicio, imprescindibles de su poesía en la que apreciamos no sólo su evolución a lo largo de los años sino también todo su caudal estilístico y toda su variedad temática con lo que su lectura nos acerca a un creador importante dentro del panorama poético en castellano. José Ángel García comienza su carrera literaria en los años setenta con la publicación de un libro de título sorprendente Cuatro cosas de mi gato y nada más (1977) en el que ya aparece la ironía que será uno de los recursos más logrados y más repetidos en su obra. Tras un largo periodo de silencio que abarca casi por completo los años ochenta, aunque en 1982 aparece su Cómico en faena en lona de palabras, publica el que podemos considerar uno de sus libros mayores, Borrador de tránsitos (1993), en el que utiliza el poema en prosa como modo de expresión y la forma diario como sustento de una riqueza verbal y expresiva, de imágenes de una enorme plasticidad y de justeza conceptual. Dirá, por ejemplo, "no aceptar que sólo nos devuelven los recuerdos aquellos a quienes nunca se los dimos." Más tarde Ritmos de luz y sombras (1996) y en el año 2000 el título más conocido del autor en el que condensa toda su sabiduría léxica, los juegos sintácticos imposibles y su inseparable ironía, El día que todas las mujeres del mundo me desearon, libro amoroso nada al uso. En Sólo pájaros en vuelo (2003) acude al recurso de la fragmentación del poema en la página jugando con la palabra y con el lleno y el vacío. En Itinerarios (2008) encontramos el recorrido vital de poeta que conjuga a la perfección lo cotidiano con lo lítico. De todos estos libros citados encontramos una muestra en esta antología, además de una serie de poemas pertenecientes al libro inédito Entre dos Sauras 1996-98 en el que lo más destacado es el irracionalismo, el barroquismo. En la antología de este autor encontramos un poeta ajeno a las modas, con una personalidad propia y con un dominio admirable de la palabra, material imprescindible para construir una buena poesía.


EL VUELO DE ÍCARO LXXXVI

REVISTA SEMANAL DE CIENCIA Y CULTURA

LA OPINIÓN DE TENERIFE · Sábado 20 de Febrero de 2010

JOSÉ ÁNGEL GARCÍA: LLÁMALO VIAJE
CARLOS MORALES

José Ángel García, Llámalo viaje (1977-2008) Colección La piedra que habla. El Toro de Barro. Cuenca, 2009.

Más allá de su capacidad para transmitir y multiplicar la emoción humana, el lenguaje es también, y por sí mismo, una fuente independiente de emociones. Esta apuesta por la «autonomía» del lenguaje en la creación literaria, tan cara a los poetas españoles de la misma «generación de los setenta» a la que pertenece nuestro autor, constituye el epicentro originario de la obra poética del «enconquensado»José Ángel García (Madrid, 1948). Semejante actitud le ha permitido afrontar la creación literaria con un sentido lúdico y con una arriesgada vocación de ruptura más que evidentes, que cuelgan su trayectoria del espíritu de la vanguardia.

Sin embargo, nuestro protagonista ha logrado integrar en su particular manera de entender el poema como un construcción especialmente intelectual, similar a una pieza de orfebrería, sus irónicas visiones de lo cotidiano, manejando con ello materiales muy del gusto de los poetas de la generación de los ochenta. Cabalgando, pues, sobre dos opciones stéticas distintas, José Ángel García ha logrado hacer de su poesía una síntesis muy propia de las sensibilidades de dos generaciones diferentes que la historiografía generacional ha acabado convirtiendo en apuestas enfrentadas.

Con Llámalo viaje, y de la mano del poeta Francisco Mora, el Toro de Barro ha pretendido recapitular sobre una aventura –la suya– que el mismo Toro ayudó a iniciar cuando, allá por 1977, sacó adelante su primer libro de poemas con las controvertidas Cuatro cosas de mi gato y otras más, y cuando, corriendo el año 2002, arrimó su pergamino para anotar en él El día que todas las mujeres del mundo me desearon. Una aventura, en fin, que nos acaba de entregar, en este mismo 2009 que culmina, su Digo yo que dices tú(2009), después de dejarnos títulos tan singulares como Cómico en faena en lona de palabras, Borrador de Tránsitos, Ritmos de luz y sombras, Poemas para un jardín, Sólo pájaros en vuelo y, finalmente, Itinerarios. Su poesía ha merecido prestigiosos premios y ha sido antologada por Alfredo Villaverde –Cien poetas de Castilla La Mancha– y por Miguel Casado –Mar interior–. El poeta, así mismo, ha cultivado la narrativa y el periodismo de información y el cultural, ocupando actualmente la dirección de las páginas culturales de todas las cabeceras del Grupo periodístico El Día y un sillón en la Real Academia Conquense de las Artes y las Letras.

Ya sólo queda levantar la copa. Y dejarla en el aire.


AUTORES DEL TORO DE BARRO (BLOG)

EN TORNO A "LLÁMALO VIAJE"
ÁNGEL LUIS LUJÁN

El largo viaje de José Ángel García

Como la gran mayoría de los poetas de la generación de los setenta a la que pertenece,José Ángel García practica una poesía en que la lógica discursiva cede ante los contenidos irracionales y los enlaces sorpresivos; al igual que ellos tiene como tema fundamental el de la representación a través de la palabra y de la imagen plástica, y nos sitúa ante la poesía en primer lugar como lenguaje. Lo que ocurre con José Ángel García es que viniendo de esta tradición constituye un puente hacia las promociones siguientes, pues sus libros empiezan a publicarse hacia finales de los 70 y su poesía se afirma ya en los años 80, con Cómico en faena en lona de palabras(1982), libro al que sigue un silencio de 11 años hasta que en 1993 aparece Borrador de tránsitos. Su poesía, no obstante, presenta una evolución coherente y su voz nunca ha perdido sus señas de identidad originarias.

Desde el principio la poesía de José Ángel García se caracteriza por una gran libertad expresiva y una riqueza extraordinaria de recursos en la que el coloquialismo alterna con grandes dosis de lirismo, los tonos serios y casi metafísicos con la fina ironía, y en la que en ocasiones se da entrada al conceptualismo barroco. Una mirada sorprendida sobre el mundo como fuente de inagotables posibilidades vivenciales y expresivas está, en mi opinión, en la raíz de esta actitud artística. A ello hay que añadir la constante vinculación del autor con la creación plástica. No se trata sólo de que dos de sus libros estén constituidos por poemas que sirven de contrapunto textual a imágenes de Miguel Ángel Moset y de Julián Grau Santos, es que la propia disposición de la palabra en el espacio de la página, especialmente en Sólo pájaros en vuelo, da realces plásticos y visuales a la expresión. Su libro Borrador de tránsitos, además, ha sido bellamente ilustrados por Miguel Ángel Moset, lo que demuestra la continua interacción entre lo visual y lo conceptual en esta poesía que juega inquieta con diversos códigos. Los dos extremos entre los que se mueve la poesía de José Ángel García, el coloquialismo lúdico y el barroquismo conceptual, se pueden identificar respectivamente con los poemas de El día en que todas las mujeres del mundo desearony los poemas de la sección que da título al libro Borrador de tránsitos.

Toda su producción sería situable en algún punto intermedio de esta relación polar, lo que hace que estemos ante una creación dinámica y siempre en tensión, formada en su mayor parte por elementos contrastantes.

Se diría que para nuestro poeta el mundo es un abigarrado muestrario de procedimientos lingüísticos, de posibilidades de nombramiento, y de ahí que practique habitualmente como forma la variación sobre un tema, lo que emparenta su poesía con el arte musical. Muestra evidente de ello es la serie de poemas «Variaciones» y la obra entera El día en que todas las mujeres del mundo desearon, un juego de repetición de una misma estructura en tres tiempos.

La apertura total al lenguaje que reside en el centro del sentir poético de José Ángel García está reclamando del poeta y del lector una continua atención para transmutarse y multiplicarse, hacerse forma, color, ritmo y melodía. No es raro, por ello, que en su poesía pase rápidamente de una imagen a otra, sin agotarla, creando un mosaico o mejor dicho un caleidoscopio de sugerencias. No estamos ante un irracionalismo arbitrario y absurdo, sino ante la lógica de lo que permanece lo mismo en su constante variación. Esta continua tensión entre lo que varía y lo que se queda tiene un fondo metafísico que se hace explícito en Sólo pájaros en vuelo, donde el verso se adelgaza a veces en una tendencia hacia la estética del silencio y de lo esencial poético. Este libro constituye quizá la principal excepción en esa estética de la mezcla de registros que vemos en el resto de su poesía, y constituye un sostenido ejercicio lírico en que todos los poemas parecen construirse en torno a una oposición de nociones trascendentes. Es el poemario más enigmático y de actitud más interrogativa. En cuanto a la disposición gráfica, el espacio que no se llena de escritura es el espacio de la zozobra, de la indagación, de ahí que tenga que ser complementado con la ilustración. Se pasa de un referente verbal a uno pictórico por una lógica intrínseca del libro: la de la búsqueda del sentido.

Esta inquietud metafísica y esta solicitud por el lenguaje que puede llegar al límite de su anulación en favor de la imagen se refleja en la alternancia de las diversas formas que usa el poeta. Encontramos en José Ángel García formas tradicionales manejadas con maestría, especialmente el endecasílabo libre (algunos tan rotundos como los de Ritmos de luz y sombras), pero junto a ellos aparecen el poema en prosa o el versículo libre. En ningún caso encontramos formas arquitectónicas como el soneto o uso de la rima. Esto es indicativo del tipo de poesía que practica, que pretende dejar el significado abierto, jugar con las formas pero sin agotarlas ni cerrarlas. Valga de ejemplo el poema «Variaciones» que, repito, me parece fundamental para entender su estética. Estamos en él ante un verso libérrimo, ni siquiera versículo, se diría más bien una prosa cortada arbitrariamente. El primer fragmento, que reproduzco a continuación, marca la plantilla formal que va a repetir cada una de las variaciones con sustituciones principalmente léxicas:


Hace una en realidad tan deliciosamente triste mañana

de lluvia (una de esas mañanas tan autodeshechas en

agua lenta que es difícil no dejarse llevar de su

ternura) que resulta casi obligado admitir como natural

el haber llegado a amar sin causa justificada.


En este experimento lingüístico, cargado de cierto barroquismo al quebrar las leyes de la sintaxis y la morfología, la meditación pasa a otro grado a través del juego con la palabra y la desautomatización de la prosa, que no la hace tampoco verso. Estamos ante una poesía que de alguna manera nos obliga a leer contra la realidad, a leer desde los patrones de la poesía las posibilidades de un mundo siempre abierto, siempre lúdico. Ello explica, claro, la introducción casi constante de elementos irónicos que desestabilizan el significado, como términos de economía en entornos manifiestamente líricos, o la mezcla de palabras provenientes de diversos ámbitos discursivos. El sujeto que escribe parece así cruzado por discursos que no se toma en serio, que adopta en determinado momento, pero sin adherirse a ellos, con el desapego de un director de escena que pone a trabajar a sus actores sin saber exactamente a veces por dónde van a salir. La sensación de frescura y de libertad que otorga esta estrategia al poema es una de las principales bazas con que cuenta el poeta para el éxito de su discurso y uno de los principales atractivos de su obra.

Tal errancia vital y del sentido (si es que no son lo mismo) caracteriza al último poemario publicado por el autor, Itinerarios, donde la palabra da acceso a todo un mundo de vivencias y de lugares míticos, quizá trasposiciones de espacios reales, quizá pura leyenda, y vuelve a mostrar que la poesía se sitúa en esa frontera donde la existencia se reconfigura a través de la palabra, donde el terreno común no permite desligar la vivencia de la palabra con la que se nombra.

La tendencia narrativa de una buena parte de la obra de José Ángel García, que en este último libro aparece de manera definitiva, tiene que ver también con esa idea de fundar un sentido en una memoria de lo vivido a través de momentos potencialmente poéticos. Detrás de la poesía del autor parece siempre haber una historia acechando, un embrión de aventura, pues no olvidemos que José Ángel García también es narrador.

JOSÉ ÁNGEL GARCÍA, EN BUSCA DE LA FULGURANTE LUZ DEL DÍA
FLORENCIO MARTÍNEZ RUIZ 

Borrador de tránsitos. Publicaciones de la Excma. Diputación de Cuenca. 1993

“Estamos ante un poeta arraigado, poroso y nutricio al que el humus y el polen de las cosas, como un feto latiendo promesas, contribuye a dar a su poesía una estremecedora sensualidad verbal y una vibración confesional inmediata (…)

Toda la primera parte parece que nos encontramos un parque de atracciones de los sentidos, donde quieras que no alcanzamos lo inalcanzable: la inefabilidad de la poesía. En la “semana lírica” del poeta todo queda acotado en límites de aurora.

Tras esa primera parte, “Como un vuelo” – compuesta de siete poemas – el poeta vuelve a hacer y deshacer el verso, dotándolo de una eficacia sugerente decisiva, en “Variaciones”, logrando para su poesía un “rotundo mediodía” de sus anhelos. El amor lo ha ganado todo. En la tercera y última parte, “Borrador de tránsitos”, capaz de justificar su operación poética, al quemar retóricas al uso y prescindir de referencias parasitarias, la desposesión literaria, el desasimiento del yo y desposesión temporal alcanzan, gracias a un ritmo elusiones y al aligeramiento de la sintaxis, toda la tenuidad de una lírica consistente. Y aparece en sus poemas esa luz primicial que andaba, sin duda, buscando, y que remite al poeta a una dimensión muy alta. Con atmósferas naturales y con atmósferas celestes – lo que va de Claudio Rodríguez a San Juan de la Cruz, por ejemplo – construye una gran coartada lírica: la de encontrar lo efímero en lo eterno.

El García esencial y más intenso hay que buscarlo en las tres partes de “Borrador”, sin solución de continuidad, pues la naturaleza rubrica sus tránsitos tanto interiores como exteriores. Porque josé Ángel García aparece – y con qué fuerza – testigo de esos tránsitos, de esos cambiantes estados de ánimo, de esa complicidad del hombre capaz de acosar a la quimera, pero también de rastrear el fugaz fulgor de lo concreto”.


EL DÍA DE CUENCA. CULTURA. DOMINGO, 13-II- 1994

EL REGRESO Y OTRAS HISTORIAS DE LA CIUDAD ENCANTADA
SABAS MARTÍN

LOS LIBROS EN RADIO 5.

(…) En El regreso, publicado por Tomebamba Ediciones, más allá de la geografía que sirve de hilo conductor de los relatos, José Ángel García configura un paisaje emocional en el que se dan cita las huellas de la memoria, la evocación de la fascinación cinematográfica de la infancia, la afirmación de la vida frente al dolor, el amor y el deseo ocultos y vivos en los recuerdos, o la incertidumbre adolescente ante lo que guarda el futuro. Son historias contadas con una esencial sencillez que surgen del latido cotidiano de la existencia. José Ángel garcía ha evitado los acontecimientos extraordinarios para ofrecernos la imagen de unos seres en cuyos miedos y esperanzas podemos reconocer nuestras propias turbaciones. Utilizando diferentes recursos técnicos, desde los juegos con el tiempo al monólogo o la escritura de cartas, El regreso es, además, el sugerente retrato de esa realidad de tiempo, agua y viento que hacen de la Ciudad Encantada de Cuenca un protagonista inasible y enigmático que impregna sensitivamente los matices de la escritura.


LOS LIBROS EN RADIO 5. RADIO CINCO TODO NOTICIAS. RNE.